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Naturaleza y vida salvaje

Cuando empecé a planear cómo poner a prueba la nueva OM-D E-M1 Mark III, sabía que tenía que viajar a un lugar que me ofreciera diferentes situaciones, amplias vistas y una gran variedad de oportunidades fotográficas. Cuando me sugirieron Madeira, inmediatamente dije que sí. Por lo que sabía de esa pequeña isla atlántica, era el lugar ideal para probar la nueva cámara y el objetivo M.Zuiko Digital ED 12-45mm F4 Pro. Solo teníamos cuatro días, así que mi plan era hacer un itinerario con cuatro localizaciones para fotografiar al amanecer que no iban a ser nada sencillas y mucho caminar y conducir entre ellas.

La primera de las alarmas a las 4:50 a.m. no tardó en llegar y, en una hora, esperábamos estar sobre rocas volcánicas al noreste de la isla todavía a oscuras. Las piscinas naturales de roca de Porto da Cruz fueron el sujeto esa mañana y una bonita luz mañanera me dejó con una sonrisa en la cara. Después, hicimos una caminata de 10 km alrededor de Rabaçal al oeste de la isla. El paseo fue espectacular, con vistas al amplio valle, con bonita vegetación y unas cascadas enormes. A veces era un poco difícil el camino y agradecí la portabilidad de mi kit Olympus. La función Live ND, que había asignado a un botón de función de la cámara, me resultó muy útil para hacer una instantánea del arco iris que se creó en el rocío de la cascada, ya que me permitió reducir la velocidad de obturación al instante para suavizar el agua en la imagen.

La alarma número dos auguraba una caminata seguida de un trayecto por carretera por toda la isla. Estamos en el segundo día de viaje y prácticamente todo lo que he fotografiado ha sido con cámara en mano, desde las amplias vistas de Ponta de São Lourenço, hasta la exuberante vegetación del norte de la isla o las playas de piedras del sur. A lo largo de todo el día, la estabilización del disparo de alta resolución se convirtió en mi nueva función favorita.

Son de nuevo las 4:50 a.m., tercera vez que suena la alarma. Estaba empezando a costar un poco, pero saber que tocaba subir 1850 m para ver amanecer me proporcionó la energía que necesitaba. Cuando íbamos en el coche por la oscuridad de la montaña, miraba hacia el este y solo veía niebla. Entonces, de repente, estábamos sobre las nubes y vimos un bonito resplandor en el horizonte. El amanecer que teníamos ante nuestros ojos era realmente bonito. Los colores rosa, morado y rojo en el cielo cambiaban con el resplandor dorado de la primera luz de la mañana sobre las nubes, tocando las cimas de las montañas que nos rodeaban. El fuerte viento indicaba que el trípode no iba a ser muy útil, pero los resultados con la estabilización del disparo de alta resolución fueron muy satisfactorios. Nos quedamos un rato simplemente disfrutando de las vistas antes de irnos de allí.

Para la última puesta de sol del viaje, quería capturar las vistas de la capital. Aprovechamos el comienzo de la hora dorada, disfrutando de las vistas, con los rayos de sol en las nubes y las luces de la ciudad por la noche. Una vez más, utilicé el modo de alta resolución, tanto con cámara en mano como con trípode, para capturar todos los detalles de la ciudad.

La última alarma a las 4:50 a.m. fue duro, pero como habíamos disfrutado tanto el día anterior, volvimos a la cima del Pico do Arieiro con la esperanza de repetir la maravillosa experiencia del día anterior. Desafortunadamente, esta vez el viento era demasiado fuerte. Sin embargo, vimos como el sol aparecía entre las nubes y conseguimos algunas buenas imágenes en la hora dorada mientras las nubes se disipaban. Experiencias como esta hacen que merezca la pena poner la alarma tan temprano.

Autor y fotógrafo: Tom Ormerod.

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